¿CUALES SON LAS ACTITUDES QUE DEBEMOS TENER EN ADVIENTO?
1.-
Actitud de espera con esperanza. El mundo necesita de Dios. La humanidad se siente desencantada y desamparada. En nuestros corazones aguardan deseo y
necesidad de bienestar, unidad, paz, desarrollo, tolerancia, respeto, libertad,
que no encuentran toda su realización en la realidad. Vivimos atareados,
desconfiados, temerosos, oprimidos, decepcionados, tristes, permitiendo que la
desesperanza llegue a nuestros corazones y nuestras conciencias. Jesús quiere
llenar ese vacío con su cercanía, con su Señorío (Filp 2,11) en nuestras vidas,
“El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y
han perdido la esperanza” (Sal 34,18) cuando él viene hace nuevas todas las
cosas (Ap 21,5). Debemos aferrarnos a nuestros sueños, nuestra esperanza es
abono para
2. El
retorno a Dios. La experiencia de frustración, de contingencia, de
ambigüedad, de cautividad, de pérdida de la libertad exterior e interior de los
hombres y mujeres de hoy, suscita consciente o inconscientemente la sed de Dios
(Sal 42, 2), y la necesidad de «subir a
Jerusalén» como lugar de la morada de Dios, según los salmos de este tiempo. La
infidelidad a Dios destruye a la persona, su dignidad y su valor, destruye al
pueblo, su fraternidad y su historia. Cuando somos fieles a Dios recuperamos
nuestra verdadera identidad e historia. El adviento nos ayuda en este camino
que comienza por conocer mejor a Dios y su amor a la humanidad. Nos da
conocimiento personal de Cristo, que se encarnó abandonando su propia
naturaleza (Filp 2,7) para acercarse a nuestra historia.
3. La conversión. Es transformación, dejar de ser de
una manera para ser de otra, significa dejar nuestra antigua manera de vivir
llena de pecado personal y social y entregar todas las áreas de nuestra vida a
Cristo para que él las gobierne y nos perdone “que el malvado deje su camino, que el perverso deje sus ideas;
vuélvanse al Señor, y el tendrá compasión de ustedes; vuélvanse a nuestro Dios,
que es generoso para perdonar” (Is 55,7). Es darle la espalda a la
oscuridad para quedar de frente a la luz que es Cristo. En Adviento nos encontramos con
el reino de Dios que está cerca, dentro de nosotros (Lc 17,21).
La voz del Bautista
es el clamor del adviento: «Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos;
elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se
enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios ... » (Is
40,3-5; Lc 3, 4b)). El adviento nos enseña a hacernos presentes en la historia
de la salvación de los ambientes, a entender el amor como salida de nosotros
mismos y la solidaridad plena con los que sufren.
4. Gozo y alegría. Nuestro gozo viene del Señor. La venida del Mesías es el anuncio del
gran gozo para el pueblo, de una alegría que conmueve hasta los mismos cielos
cuando el pecador se arrepiente (Lc 15,7). El adviento nos enseña a conocer que
Cristo, y su pascua, es la fiesta segura y definitiva de la nueva humanidad.
Hay gozo en nosotros cuando estamos reconciliados, Jesús cambia nuestro lamento
en danza y nos viste de alegría (Sal 30,11). Dejémoslo entrar en nuestros
corazones, en nuestros espacios familiares, en las relaciones con los amigos,
en el trabajo, los estudios, llevémoslo a todas partes, la persona y las
estructuras sociales necesitan ser tocadas por el gozo que viene del amor de
Dios. El quiere que vivamos así, confiados, seguros, alegres en él “¿Por qué
voy a desanimarme, por qué voy a estar preocupado mi esperanza he puesto en
Dios, a quien todavía seguiré alabando. Él es mi Dios y Salvador! (Sal 42,5).
«Adviento»;
este término no significa «espera», como podría suponerse, sino que es la
traducción de la palabra griega parusía, que significa «presencia», o mejor
dicho, «llegada», es decir, presencia comenzada. (SS Benedicto XVI, "Sentido del
adviento", Encuentra, 17.XII.03)


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